
Alioli negro
Dos dientes aplastados, una yema, aceite de oliva a hilo y sal. Para patatas, pescado o una paella.
Semanas de calor suave y paciencia convierten una cabeza de ajo blanco en algo completamente distinto: dientes negros, tiernos como un dátil, con sabor a balsámico y regaliz. Y sin el picor de siempre.

No lleva tinta, ni azúcar, ni salsa. Solo ajo, temperatura y tiempo. La lenta reacción de Maillard – la misma que dora el pan – hace el resto.

Cabezas enteras de ajo, como las del mercado.

Temperatura templada y humedad constantes. Nada de fuego.

Los dientes se oscurecen y el olor se vuelve dulce.

Negro, meloso y listo para la cocina.
Si esperas un ajo fuerte, te vas a sorprender. Esto es lo que suele contestar quien lo prueba por primera vez:
Escala orientativa, puramente gastronómica.


Dos dientes aplastados, una yema, aceite de oliva a hilo y sal. Para patatas, pescado o una paella.

Al apagar el fuego, láminas de ajo negro sobre las gambas. El contraste con la guindilla es de bar de tapas.

Pan tostado, queso de cabra o manchego curado y un diente untado encima. Un hilo de miel opcional.

El ajo blanco se dora en aceite y da la base. El negro no necesita sartén: se añade al servir, cuando el plato ya está fuera del fuego, para que conserve su textura melosa.

Dos cabezas enteras en un estuche de cartón con ventana, de Las Pedroñeras (Cuenca), la tierra del ajo. Solo ajo, sin nada añadido. Un formato pequeño y bonito para probarlo por primera vez – o para regalar a quien cocina.
El pedido, el pago, el envío y las devoluciones los gestiona El Corte Inglés. Precio y disponibilidad pueden cambiar.

El ajo negro llegó a las cocinas españolas de la mano de los restaurantes y hoy se encuentra en el súper. Nada como un producto de La Mancha, donde el ajo se cultiva desde hace siglos, para empezar.
No. Es ajo blanco de siempre que pasa varias semanas a temperatura y humedad controladas. Sin aditivos: el tiempo y el calor suave lo vuelven negro, tierno y dulce.
Su sabor es mucho más suave: dulzón, con notas que recuerdan al balsámico, la ciruela pasa o el regaliz. No tiene el picor del ajo crudo, por eso se come incluso tal cual.
Se pela como un ajo normal. Los dientes son tiernos como un dátil: se aplastan con un tenedor, se laminan o se untan. Va al final del plato o en frío, para no perder su textura.
El estuche trae dos cabezas (90 g). Con dos o tres dientes por plato da para varias cenas, alioli o tostas para compartir.
En lugar fresco y seco; una vez abierto, en un recipiente cerrado. Sigue siempre las indicaciones de la etiqueta del producto.
En El Corte Inglés, que gestiona el pedido, el pago, el envío y las devoluciones. Ajonegro no vende nada.

Ajo negro La Veguilla, estuche de 90 g por 5,95 €.
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